KÉNOSIS

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La Pasión de Cristo, una especie de “thriller cristiano”

Autor: 
Redacción
Fuente: 
Vida Pastoral (Italia)

Puede parecer extraño, incluso a muchos les puede parecer irreverente, pero hoy día es posible contemplar las últimas horas de la historia terrenal de Jesús como una especie de “thriller cristiano”. Pues el relato de su pasión, muerte y resurrección (“Triduo Pascual”) tienen mucho de suspenso y mucho de misterio, y nos provocan una fuerte tensión emocional.

Como sabemos, la vida de Jesús la hemos conocido gracias al testimonio de los cuatro evangelistas (Marcos, Mateo, Lucas y Juan), quienes se dieron a la terea de plasmar por escrito los hechos que acontecieron a nuestros Salvador. Y en esos testimonios es muy común encontrar algunos contrastes o concordancias, algunas sombras y clarividencias en torno a la figura maravillosa de Jesús. Eso se debe al objetivo que perseguían y a las fuentes que cada uno de los evangelistas tenía en particular.

Pero, ¿por qué decimos que la historia de Jesús puede ser vista como un tipo thriller? La siguiente entrevista con Massimo Grilli, biblista y profesor de Nuevo Testamento en la Universidad Gregoriana de Roma, nos llevan a esa propuesta, ya que, al igual que un thriller, la narración de la historia de Jesús hecha por los evangelistas comenzó en revés: la cortina se abre con la noticia de una tumba vacía (ausencia de un cadáver); y de esa tumba vacía comienza una experiencia de fe que luego lleva a la escritura de la historia de Jesús enmarcada a la luz de su muerte y resurrección.

En este hilo de ideas, el profesor Massimo Grilli, consciente de la necesidad de una fe renovada en la Iglesia, nos invita mirar los evangelios no simplemente como un relato real, sino como una historia imbuida de sorpresas, esperanzas y anhelos de los primeros cristianos.

Profesor Massimo, ¿a qué se refiere Usted cuando dice que cada uno de los evangelistas nos proporciona una serie de pistas sobre la pasión de Jesús?

Massimo Grilli: Permítanme decir lo siguiente: Nuestro “thriller al revés” nos lleva a preguntarnos: ¿Quién deseaba la muerte de Jesús? ¿Por qué lo mataron? No estamos seguros de quién quería la muerte de Jesús. Los evangelistas no lo explican. Pero lo que sí estamos seguros es que el Padre liberó a Jesús de la muerte. Esto es lo que realmente cuenta, y así lo han testimoniado los autores de los evangelios (Marcos, Mateo, Lucas y Juan).

Además, así como se realiza una secuencia de un thriller para la comprensión de una historia, así también para una mejor comprensión del relato de la Pasión de Jesús es necesario tener en cuenta los estudios que han realizado los expertos. Por ejemplo, el teólogo alemán Rudolf Bultmann, asegura que todo el evangelio de Juan está estructurado como una prueba para determinar si la afirmación de Jesús es legítima: “¿Quién dice la gente que es Él? ¿Y qué evidencia trae ello?” Bultmann nos lleva a considerar que en el relato de Juan hay un acusado (Jesús), hay quienes lo acusan (sus enemigos), y hay quienes lo defienden (los discípulos, el Espíritu, el Padre). Al final, la sentencia contra Jesús es de muerte y, sin embargo, paradójicamente, el veredicto se anula porque el condenado (Jesús) es vencedor (Rey de reyes) y la cruz toma el papel de trono. A propósito, el último grito de Jesús, antes de morir en la cruz, es de victoria, de cumplimiento de su misión: “¡Todo está cumplido!” (Juan 19,30).

Situándonos en los acontecimientos del Jueves Santo, nos surge una pregusta crucial para adentrarnos en la Pascua de Cristo: ¿Qué fue lo que celebró Jesús durante la Pascua con sus discípulos?

Massimo Grilli: Comencemos diciendo que Jesús insistió en que el lugar (la sala) donde se llevó a cabo la Última Cena debería estar dentro del perímetro de Jerusalén. Además, el hecho de que algunos consumieron los alimentos con una posición recostada del cuerpo, o bien, la mención de la “recitación de un himno solemne” (Marcos 14,26) son elementos que han enfatizado algunos teólogos, tales como Joachim Jeremias(1900-1979), para argumentar que la última Cena en realidad correspondió con la cena que conmemora la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto. Por otro lado, es muy extraño que los relatos de los evangelios solo se mencionen el pan y el vino, y no otros alimentos que inevitablemente formaban parte de esta cena ritual, como el cordero y las hierbas amargas (confrontar los evangelios sinópticos: Marcos, Mateo y Lucas). Agréguesele a ello que en el Evangelio de Juan, la Cena tiene lugar cerca de la Pascua, pero no es una cena de Pascua.

Otra pregunta que nos puede surgir se refiere a: ¿Cuándo se celebró esta cena? Según los Evangelios sinópticos, es decir, Marcos, Mateo y Lucas, Jesús muere en el “gran día de la fiesta”, el viernes 15 del mes de Nisan (marzo y abril). Por lo tanto, la Cena habría tenido lugar al atardecer del día anterior (la tarde del Jueves). No obstante, es difícil ubicar la cronología de los numerosos y convulsivos eventos de la Pasión en un solo día, y en un día de celebración: cena, oración en el Monte de los Olivos, arresto, juicio judío, juicio romano, crucifixión.

Según el evangelista Juan, Jesús fue crucificado el 14 del mes de Nisan, en la víspera de la fiesta, cuando en el Templo se sacrificaban los corderos que se comen al día siguiente durante la cena de Pascua. Por eso Juan nos habla de Jesús como el “Cordero de Dios”. Hoy tendemos a dar más crédito a la historia de Juan, precisamente porque es muy difícil distribuir muchos episodios de la Pasión de Jesús en unas pocas horas.

También existen dudas de que el Sanedrín fue convocado para una reunión deliberativa durante la noche, una eventualidad ilegal, por cierto. Sería más plausible una especie de “investigación preliminar” que luego, al día siguiente, se habría convertido en un proceso. En cualquier caso, en el momento de Jesús, ¿el Sanedrín no tenía el poder de sentenciar y ejecutar la sentencia? Hay una gran discusión sobre esto. Lo cierto es que la Última Cena tuvo lugar en el contexto de la Pascua de la liberación, y Jesús quiso darle un significado especial: “una cena de despedida”.

¿Por qué y por quién fue condenado a muerte Jesús? ¿Qué había hecho para atraer tanta hostilidad hacia Él, incluso una tortura atroz como la crucifixión?

Massimo Grilli: En primer lugar, hemos de poner atención a esta pregunta: ¿cuál es el cargo del que le acusan? ¿La blasfemia de ser “hijo de Dios”? Esta lectura inmediata de un cargo de esta índole tiene un sabor bastante “cristiano”, que pudo surgir en una fecha bastante posterior. No hay evidencia de que la justicia judía castigara con la muerte a quienes afirmaran ser el Mesías, como sucedió incluso con algunos hombres unos años antes de la predicación de Jesús.

Algunos autores también ponen como argumento a la posición que tomó Jesús hacia el Templo. Sí, porque en efecto, el Templo tenía que ver tanto con la dimensión religiosa como con la dimensión política, y esto explicaría la participación del poder romano. Y no solo eso. En los capítulos anteriores, Jesús a menudo discute con los diversos grupos judíos, como era la costumbre entre los rabinos, pero después de su entrada en Jerusalén, el partido de los saduceos se vuelve cada vez más importante.

¿Quiénes eran los saduceos?

Massimo Grilli: Miembros de un partido esencialmente político, los saduceos eran una corriente judía vinculada sobre todo a las clases ricas y dominantes. Su aristocracia había conservado el poder a pesar del gobierno romano, y numerosos sacerdotes se adhirieron a este partido, incluidos los sumos sacerdotes del Templo. Poco se sabe acerca de sus doctrinas, pero los evangelios sinópticos coinciden en decirnos que los saduceos no creían en la resurrección de los muertos; y tal vez por eso confiaban tanto en el poder humano. Atacar el Templo como lo había hecho Jesús con la resonante expulsión de los mercaderes y con las declaraciones que hizo en público (Marcos 14,58), tal vez se interpretó como un ataque a la alianza que existía entre el poder religioso y el poder político. Es en este punto que el poder de Roma interviene con todo su peso.

Desde el punto de vista del Imperio, Jesús no representaba más que una pequeña molestia cuyo origen provenía de esa provincia turbulenta que era Judea. Y castigar a un insurgente, especialmente en el marco de una fiesta religiosa y política, se convertiría en una “advertencia” de la que se habría hablado en toda la región.

¿Y qué sucede con los amigos de Jesús? (por ejemplo Judas, los discípulos, las mujeres…) ¿Cómo hemos de ver el comportamiento de las personas más cercanas al Maestro? ¿Quién era Judas y cuál era su papel? ¿Su proceder debe tenérsele como traición a pesar de que se sintió decepcionado por ese Mesías que terminó siendo demasiado espiritual y muy poco político?

Massimo Grilli: la figura de Judas ciertamente tiene una base histórica, ya que para explicar la captura de Jesús bastaba con el testimonio de los romanos y las hostilidades que generaban un grupo de poder judío. No había necesidad de inventar la historia de un discípulo traidor. Sin embargo, muy poco se puede decir de Judas. El evangelista Juan lo describe en términos simbólicos, mientras que en los evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) no encontramos elementos suficientes para reconstruir su visión política o su aspecto psicológico. Algún estudioso llegó a creer que era un fanático, un miembro del partido armado de oposición en Roma. Pero estas son simples suposiciones: las pistas que tenemos sobre su persona son muy pocas.

¿Y qué podemos decir de los otros discípulos? ¿Realmente abandonaron a su Maestro en masa después del arresto? ¿Nadie se quedó a su lado? ¿Quién es el misterioso discípulo que, según Juan, aparece bajo la cruz?

Massimo Grilli: Los testimonios de los evangelistas desacreditan a todos los discípulos sin piedad, y no dudan en decir que no entendieron ni creyeron en Jesús. Para Mateo, los discípulos entendieron quién era Jesús, pero, al final, eran hombres de poca fe; o bien, hombres de una fe que se tambalea en momentos de crisis. Para Lucas, todo discípulo se convierte de alguna manera en el modelo del creyente, pero esto es aún más cierto para Juan, que coloca a un discípulo sin nombre debajo de la cruz; él mismo afirma: “El discípulo que Jesús amaba” (19,26), como una figura paradigmática en el que todo creyente puede identificarse.

Sin embargo, ¿cuál de los evangelistas nos trae una verdad cercana a la realidad?

Massimo Grilli: Marcos parece el más adherente a los hechos. Pero, ¿qué razones podría haber tenido, de lo contrario, para presentar a los discípulos de una manera tan negativa? Debido a la fragilidad en sus personas. De hecho, en los evangelios no aparece descrita ni defensa ni excusa. Es evidente, por tanto, que la pobreza intelectual y la torpeza de los discípulos es tal que no pueden comprender a profundidad la identidad de Jesús. ¡Y esto no es un invento literario!

Pero, pongamos atención: hay un último grupo de personas que acompañan a Jesús: las mujeres. Cada uno de los evangelistas habla de ello con diferentes acentos.

Las mujeres del evangelista Juan están “transfiguradas” por la fe, mientras que en las sinópticas a menudo se las presenta como “pecadoras”: mujeres concretas con historias complicadas. Por lo tanto, es seguro que hubo varias mujeres en el movimiento de Jesús, y los cuatro evangelios coinciden en dar testimonio de que algunas de ellas siguieron a Jesús en su camino hacia la cruz, y que luego fueron al sepulcro en la mañana de Pascua, volviendo con el anuncio de la tumba vacía… Claro que, debido al contexto, las mujeres no eran consideradas testigos creíbles; pero confiar la tarea de los garantes de que la tumba estaba vacía nos hace suponer que tal hecho no puede ser una invención teológica. Me explico: si a los Doce Apóstoles se les encomendó el mandato institucional del anuncio del Evangelio, sin embargo, son las mujeres las que llevan el kerygma, el anuncio de que Dios resucitó a Jesús y venció la muerte. Y sobre este elemento, me parece que la teología todavía no ha sacado todas las consecuencias.

¿Hablemos de una memoria que, al pasar de los años, se convierte en vida?

Massimo Grilli: Mira, por ejemplo, no hay mucho que decir sobre el entierro de Jesús. Los romanos, que eran famosos por su piedad hacia los muertos, abandonaron los cuerpos de Jesús y los otros dos condenados en el patibuluma fin de que sus cadáveres fueran consumidos por animales y el ambiente climático. La intervención de José de Arimatea es, por lo tanto, importante: un judío que pone a disposición de Jesús lo que debería haber sido su propia tumba.

José de Arimatea era miembro del Sanedrín, y sabía que el juicio de Jesús se había efectuado entre posiciones muy diferentes. La presencia de los guardias romanos bajo la custodia del sepulcro no era una costumbre, y podría ser una adición apologética para el evangelista.

Volviendo al tema anterior, ¿cómo sucedió la transición de la falta de fe de los discípulos, certificada por Marcos, a la comprensión de que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos?

Massimo Grilli: Las historias con las cuales contamos para reconstruir los hechos son “tacañas” en muchos detalles. Mientras que los evangelios apócrifos muestran la grandeza de la resurrección con voces que vienen del cielo y ángeles que vuelcan la piedra del sepulcro, los evangelios sinópticos no dicen nada de todo esto. Su testimonio de que Jesús está vivo no se basa en un evento milagroso, sino en una experiencia que tiene un “carácter existencial”. Los discípulos maduran con el tiempo y llegan a la plenitud de su fe a través de la memoria de las palabras de Jesús y la celebración de su memorial en la Eucaristía. El episodio que más claramente representa este proceso es el de los discípulos de Emaús, quienes se van desconsolados, sin haber entendido el mensaje de Jesús, pero, dada la presencia del Maestro, el cual los acompaña e ilumina –haciendo referencia a las Escrituras– se les manifiesta en el gesto de “romper el pan”. Y ésta es sólo una de las muchas “cristianofías” que nos dan los escritos del Nuevo Testamento. Sí, se trata de una experiencia compartida, aumentada y profundizada durante varias décadas para dar lugar a la composición de los Evangelios. Una experiencia de fe que nunca podremos demostrar con solo instrumentos racionales.

 

Traducción del italiano: Rafael Espino