KÉNOSIS

Portal del Padre Rafa

“Son gran cosa las letras para dar en todo luz”

Autor: 
Mons. Mario de Gasperín
Fuente: 
El Observador

El reciente mensaje del Papa Francisco con ocasión de la LIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (2020), nos invita a los católicos a narrar nuestra propia historia, cultivando el arte de la escritura, la lectura y el correcto manejo del lenguaje. A esto los antiguos le llamaban tanto gramática como literatura. Su desempeño era aprender a “escribir, leer y comprender”. De la gramática nos dijeron que era “el arte de leer y escribir correctamente la lengua española”.

La aparición de la primera gramática de nuestra lengua y del primer mamotreto –diccionario- coincidió en tiempo e importancia con el descubrimiento de América en 1492. El protagonista de esta hazaña cultural fue Elio Antonio de Nebrija, autor del “Arte de la Lengua Castellana”, y el “Mamotreto”, para mamar la cultura. Estos dos instrumentos literarios desataron una verdadera primavera cultural en toda la península, según pensó su autor: “buscar alguna manera por donde pudiese desbaratar la barbarie por todas partes de España, tan ancha y luengamente derramada”; y comenta P. Olmedo: “Un simple gramático, con solo renovar la lengua, renovó todas las ciencias y despertó en los espíritus una inquietud científica que determinó el gran movimiento literario del siglo XVI, y esto sin salirse de los términos de su profesión”(Perficit 11).

La barbarie se alimenta de la confusión y ésta con el abuso del lenguaje. Un lenguaje de vocabulario escaso, impreciso; de frases entrecortadas, falto de coordinación, iterativo y pedestre, es moneda corriente en las épocas de deterioro cultural, social y espiritual. Los regímenes autoritarios se gozan cambiando nombres, alterando el sentido, maltratando el lenguaje y hostilizando a la cultura.

Para los cristianos la dignidad de la Palabra radica en su origen: Salió de la boca del Altísimo, obró la creación, la concedió al hombre y la volcó totalmente en su Hijo, su misma Palabra entre nosotros. Cultivar la Palabra y crear cultura, es tarea rigurosa para el cristiano, como repetía santa Teresa“Son gran cosa las letras, para dar en todo luz”. Lo extraño, dice el Papa, es que otros nos cuenten nuestra propia historia y “nos narcoticen, convenciéndonos de que necesitamos continuamente tener, poseer, consumir para ser felices”. Así, inermes, caemos en las redes serpentinas del chisme, de la mentira y del encandilamiento de las ideologías. Malicia intrínseca de todo ídolo es hacernos semejantes a su imagen: ciegos, sordos, mudos, insensibles a los demás.

El hombre es narrador por naturaleza, y el único que puede narrar su propia historia. Solo así se realiza como humano, como ser social y como cristiano. La Iglesia es la comunidad dialogante con Dios mediante la Palabra divina, hecha carne y lenguaje nuestro. Por el aliento del Espíritu se hizo literatura: narración, leyes, poesía, oración, enseñanza, amonestación. Finalmente Escritura. Libro que no la ahoga entre sus páginas, sino que rebrota llena de vida en una persona, Cristo. La Biblia es Cristo. Quien la lee, medita y acoge, entra en comunión con Cristo. Para alcanzar esta altura “hace falta aprender a penetrar en el secreto de la lengua, comprenderla en su estructura y en el modo de expresarse” (DV 32), palabras que acrecienta el Papa: “Por obra del Espíritu Santo cada historia (humana)… puede volverse inspirada, puede renacer como una obra maestra, convirtiéndose en un apéndice del Evangelio”. Estos narradores profanos o religiosos, cuentan “innumerables historias que han escenificado admirablemente el encuentro entre la libertad de Dios y la del hombre”. Desconocer la historia de los hombres, es desconocer sus luchas con Dios, y al mismo Dios. Esta divina aventura se inicia con una gramática y con un diccionario.

Sobre el autor: Mons. Gasperín Gasperín es obispo emérito de Querétaro.

Fuente: “El Observador” (digital) / Publicado en la edición semanal de El Observador del 26 de julio de 2020, n. 1308.

Título original: “De la Gramática y el Mamotreto”